viernes, 30 de julio de 2010

El Templo de Nerhoma


Este es el Templo de Nerhoma en las montañas del Tibet. Actualmente se encuentra en construcción (la foto puede diferir del producto). En el sendero perpendicular para acceder se puede vislumbrar el cartel de bienvenida y su traducción:

"Bienvenidos a la luz. Aquellos discípulos que puedan adaptarse a la denigración y la bardeada del Maestro, serán aceptados. Aquellos discípulos que ayuden al Maestro a bardear y denigrar a los otros discípulos, serán aceptados. Personas moralmente correctas, abstenerse. Venid hacia la montaña, pues no vamos a ir hasta allá ni en pedo, ya encontramos un terreno a bajo precio cómo para andar moviendo todo y es un quilombo viste..."

jueves, 29 de julio de 2010

Las Recetas del Chef Orro II

Luego de un tour por la Mesopotamia, Burkina Faso, Cali y un período sabático en Devoto y Guantánamo; vuelve el Chef más codiciado por excéntricos culinarios y homicidas gastronómicos.

Voy a propiciarles la receta más efectiva para obtener una cena deliciosa con poco esfuerzo. Los materiales e ingredientes a utilizar son:


· Un amigo/familiar/conocido neurótico-obsesivo-compulsivo que tenga una empleada doméstica.


· Mmm.. sólo eso.

Nos excusamos de algún modo para introducirnos en la casa del sujeto en cuestión. Una vez adentro, ponemos en acción los siguientes ítems:


· Corremos la alfombra de bienvenida unos 5 cm a la izquierda.


· Cambiamos el lugar de la llave de la puerta de entrada, por el de la llave del garage que se encuentra a 26 mm de diferencia.


· Nos inmiscuimos sutilmente en la habitación del individuo para mezclar algunas prendas de ropa interior con las remeras. Luego desacomodamos su calzado unos 14 grados de su posición original.


Lo más probable es que luego de ejecutar el tercer item, el sujeto entre en un colapso nervioso o en el peor de los casos, muerte... por colapso nervioso. De no ser así, seguramente acudirá en busca de ayuda para apaciguar la cólera latente o buscar alguien en quien descargar la ira en pleno clímax. Sólo hay que evitar obstruir el camino, para luego ver cómo se desorbita al percatarse que la llave de entrada no se encuentra en el lugar correspondiente y la alfombra de bienvenida no está en escuadra perfecta con la puerta.

Una vez finalizado el brote, le pedimos a la empleada doméstica que nos ayude a traer el cuerpo en la vereda que yace desamayado a causa del arrebato contra un poste de luz, y aprovechamos para decirle que nos quedaremos hasta la cena para cuidar a nuestro querido amigo hasta que recobre la conciencia; para ello le pedimos que nos prepare una rica comida.

PD: Si llegamos a la casa y nos abre la puerta el sujeto neurótico-obsesivo-compulsivo, en lugar de la empleada doméstica; lo único que tenemos que hacer es indicarle que la alfombra está fuera de escuadra. Y voilá, a disfrutar.
Si queremos asesinar al sujeto sólo le pateamos la alfombra de bienvenida bien lejos.

Saludos desde el pabellón 14

Gustav Duv Orro

jueves, 22 de julio de 2010

Dedicatoria II

Nerhoma está on fire, esta vez para el aniversario del muchacho con los arbustos nacientes entre los pómulos y las orejas.

"Las cosas no aparecen cuando las buscamos. Las cosas no aparecen 
cuando las dejamos de buscar. Las cosas aparecen cuando 
no recordamos para qué las necesitábamos, 
lo cual crea una paradoja existencial 
en el momento de su aparición."

martes, 20 de julio de 2010

La Disciplina del Rom, Per Se


El juego de palabras del título no debe tomarse con liviandad. Puedo decir con temple que un porcentaje de la población humana esta particionado para la gente con una destreza impecable en la habilidad de romperse. Es más fácil pronunciar esto, cuando nos hemos roto una nalga pateando una circunferencia sin destino. Y no estamos hablando de la suspicaz metáfora en la cual reemplazamos el "Nos ganaron por diez goles de diferencia" por la premisa redundante que se estanca en "Nos rompieron el or...". No, acá no hay ninguna figura retórica. Esto es literal. Uno se puede romper una nalga en su interior sin necesidad de incurrir en metáforas linguísticas. La novedad, sorpresa, arrebato -como quiera llamársele- está en la posibilidad del relato de la lesión. ¿Cómo formularlo para que no tenga doble sentido en primera instancia? Yendo un poco más lejos, cómo explicar al masajista/kinesiólogo/proctólogo/zapatero? (siempre hubo una relación inherente a una frase que mi madre me ha dicho desde chico "Te voy a enterrar el zapato en el orto que te lo va a tener que sacar el proctólogo"). En fin, cómo explicar que la zona a tratar es delicada porque uno conserva un poco de su heterosexualidad por más que la gente le diga lo opuesto sólo por vestirse alguna que otra vez de travesti, doblar las muñecas cuando habla, tener algún desliz esporádico del inconciente catalogado como punto de capitón (por ejemplo "me gusta el rabo con peluca" que se escapa sin querer entre los labios); estos ítems son únicamente un estereotipo del sujeto que está a punto de comprar una franquicia en la sucursal más grande de Criollitas. Y si la hipérbole no alcanza, lo lamento, pero que quede claro que cualquier tipo de chiste queda relegado en el casillero de lo trivial y los lugares comunes. Si alguien va tener la osadía de emitir una gastada en virtud de esta desgracia, que sea muy innovadora. No quiero ni poner en la mesa la posibilidad de que siga dirigiéndome al masajista solamente por una cuota de placer en la zona dañada.

PD: No es Nícolas el de la imagen del trasero.

Dedicatoria

Por ser el cumpleaños de un licenciado con exceso de arbustos en el labio superior, va dedicada esta célebre frase del nuevo profeta, Nerhoma:

"Si querés romanticismo, comprate una máquina del tiempo
 y andá a visitarlo a Baudelaire..."

martes, 20 de abril de 2010

El Malestar en la Sutura

Uno no puede evitar indignarse bastante seguido por los tópicos que medios masivos inyectan habitualmente en la conciencia colectiva disparando emergencias fugaces o repitiendo discursos gastados. Pero en determinado punto, me resulta degradante la escasa amplitud verbal de los profesionales de los medios. No voy a inmiscuirme en temas de ortografía en los zócalos de los noticieros, porque todos sabemos que a la hora de tipear una cita bajo presión, se nos obstruye la carótida, sobre todo si tenemos doce años como la mayoría de los operadores que tipean esas citas. Sabiendo que toda la puesta en escena de un noticiero está comunicando algo, también lo hace el logo del programa, su tipografia, su decorado, susú pecoraro, su estilo y sus pseudo-periodistas. Ahora bien, mínimamente, hay que señalar que si estos profesionales no tienen ni la menor idea de lo que están hablando, deberían informarse, organizar rifas, o trabajar en un circo (que al fin y al cabo es lo mismo). Si no tienen más de diez adjetivos en el hipotálamo, no deberían rebosarse de frases trilladas y banales de sentido común; un mínimo de aporte intelectual no es menospreciado en los medios. Si no tienen preguntas que hacer, ¿entonces cómo se preguntaron que debían hacer de su vida?, por favor, no interroguen estupideces matinales porque yo puedo ser un autómata que hasta que almuerza no es capaz de hacer otra cosa que seguir una rutina; pero soy un autómata físico, no pensante. Usted señor periodista deportivo o de farándula devenido periodista general, hable con propiedad. Busque algunos bodoques de hojas con tapas duras, esas cosas que se llaman libros (y no me diga que lee a Coelho, Bucay, Majul o Ari Paluch porque eso es literatura de fantasía redundante del negocio capitalista, te vendemos cosas baratas para que las compres bien caras). Usted señora que estuvo en el extranjero y volvió para asumir el rol de periodista en algún medio masivo: piense antes de preguntar, si el entrevistado le acaba de decir hace dos minutos que su automóvil era azul, no le pregunte cada treinta segundos cuál es el color de su automóvil sólo porque un robot con auriculares le dice del otro lado de cámara que estire la nota. "Señores", ya sabemos que cada medio tiene un estilo periodístico y una bajada de línea predeterminada, no van a ejercer periodismo independiente, por más que el rótulo así lo diga. Pero sólo se pide un ápice de cordura en el malestar general. Son los que llevan la bandera de la comunicación, y les aseguro que está bastante sucia y sin muchas ganas de flamear. Ni siquiera se intenta fomentar una revolución de medios, ni un octubre semiológico, ni entender a Heidegger, ni un boicot en la línea de montaje, ni orinar caminando sin salpicarse y ni siquiera un palo en la rueda de la bicicleta mediática. Si tienen la molestia en la cicatriz, porque cuando entraron a un medio por primera vez les clavaron el bolígrafo en la yugular y les dijeron "vas a escribir lo que nosotros queremos que escribas", o bien, se los dieron a entender paulatinamente con un teclado compuesto de teclas abrasivas que borra de a poco las huellas digitales para unirlos en una masa amorfa de ideología simplista y vocabulario medieval; entonces el problema está en la elección del lugar de trabajo. Si no supura o no hay cicatriz, ni se molesten en entender de lo que se habla. Pero si lo hacen, tómense un momento para pensar qué están comunicando con determinadas palabras. Las palabras las instalan ustedes en el imaginario, y su repertorio léxico, en este momento, debe ser equivalente a la misma cantidad de palabras que hay en la contratapa de "El Hombre Unidimensional", cuando debería equiparar a la mitad de su contenido.

viernes, 9 de abril de 2010

Filosofía Capitalista: Los Diez Mandamientos

1 · Amarás el dinero sobre todas las cosas.
2 · No tomarás empleados en vano. Explotarás los que tengas al máximo.
3 · Santificarás la plusvalía.
4 · Honrarás a tu empresa, a tu banco, a tu cuenta, a tus acciones, a tu auto, a tu televisión satelital, a tu aseguradora, a tu abogado, a tu contador, a tu padre y a tu madre (en ese orden de relevancia).
5 · Repite punto 1.
6 · No matarás. Excepto que tu empresa se dedique a eso.
7 · Repite punto 2. Y agrega: echarás algunos empleados argumentando "reestructuración".
8 · No invertirás en negocios de baja rentabilidad.
9 · No robarás... en forma directa. Siempre a través de negocios sucios, plusvalor, canjes por publicidad, explotación, gestiones dudosas, lavado de dinero, contrato de pasantes y personal temporal.
10 · Repite punto 6. Exceptuando delegados de gremios y sindicatos.
11 · No tendrás ética.
12 · Buscarás la definición de la palabra "ética" en el diccionario.
13 · Olvidarás la definición de la palabra "ética".
14 · Anula punto 6. Someterás a tus empleados a tácticas y acciones que les provocarán stress y paulatinamente los colocará en una lenta agonía que terminará en un letargo de la plebe.
15 · Te comunicarás con tu contador para saber cuantos números son diez.

Alabado sea el patrón.

jueves, 1 de abril de 2010

La Metáfora del Peón

En determinadas ocasiones solemos interpretar roles que conforman un universo de metáforas y símbolos pertinentes a un lenguaje particular y dentro del mismo marco de reconocimiento social. Últimamente, he reciclado un tipo de representación y metáfora de índole bélica/lúdica, para asentarla en la práctica cotidiana: el peón en el ajedrez. Ese tipo de actitud o acción que -por obligación moral o civil, por reglas, por carácter o por sentimientos- nos hemos topado en virtud de dar un paso adelante, de poner el pecho, de mostrar firmeza aunque el contexto no sea el indicado, de ser el peón en el ajedrez; aquel rol que sabemos que va a ser sacrificado en las primeras jugadas, el soldado de infantería que va a conformar la primer oleada y va a recibir los primeros silbidos del plomo en tierras foráneas. Pero cansado de las hipérboles modernas, voy a utilizar el recreacionismo para contemplar esta acción lejos de la técnica actual.
Si ocupáramos el rol de Homo Erectus, probablemente hubiéramos sido los primeros en ir y tocar aquel líquido espeso de tonos colorados y amarillos, para contemplar por vez primera el ardor de lo que luego el hombre moderno denominaría como magma. Quizás el Neolítico hubiera sido el período que nos observó cuando intentamos recrear ese elemento tan poderoso, a través de la fricción entre ramas, entre caparazones de tortuga, entre los colmillos de un tigre dientes de sable; hasta que viene el bufón de la aldea y se tropieza con nuestro cuerpo que yace en el matorral desangrándose por culpa de un tigre dientes de sable, y al caer, sin querer, provoca un contacto entre dos piedras y genera la ignición de aquella mágica y colorida llama. Mientras uno observa agonizando cómo el gil de la aldea se gana a todas las mujeres de la aldea por su útil estúpidez.
Tiempos remotos de mitologías nórdicas, y a nosotros se nos ocurre declararle nuestro amor a la esposa de Thor, pensando que por una mirada casual que nos envió, podría llegar a escapar de su riqueza y gloria, para huir juntos lejos (650 metros de su castillo aproximadamente, el recorrido máximo que puede hacer en un día un burro que nos robamos creyendo que era el caballo de un soldado). Huir hacia un cerro donde posar nuestras esperanzas y paz, estableciendo un puesto de artesanías, tejidos y dispositivos cannábicos. Claro, olvidamos tener en cuenta que la señora de Thor no tiene muchas intenciones de salir de su ciudad, pero su marido tiene muchas ganas de aplicar un nuevo movimiento de batalla justo contra nuestro pecho. De ahí en más, agonizaremos hasta que nos quedemos sin miembros (cada vez que se necesita de la lluvia, nos sacrifican una parte de nuestro cuerpo para ofrecerla a un dios que, de vez en cuando, riega las plantas en sus nubes).
Quizás en épocas de comercio de ultramar, interpretamos a un marinero que vislumbra una tierra desconocida a lo lejos; lo exótico está a unos pocos metros y debemos desembarcar para investigar la zona. Somos los primeros en pisar América. Somos los primeros en ser atravesados por 14 lanzas de una tribu de nativos temerosos. Nuestro cadáver será ejemplo para el resto de los colonizadores que osen dominar un territorio poblado de muchachos con gran puntería.
En tiempos contemporáneos, seremos testigos del accionar de un pelotón de fusilamiento, pero para ajustar la mira de los carabineros, el general nos comunicará sabias palabras:
General Oppresseur: Soldado, necesito de su colaboración para ajustar la mira de los fusiladores, párese delante de aquel muro antes de que se paren los verdaderos criminales.
Teniente: Pero mi general, no soy un recluta, soy un teniente...
General Oppresseur: Pero, ¿quién es usted para contradecirme?
Teniente: Teniente González, señor.
General Oppresseur: Mmm, ¡Con ese apellido usted no pudo haber ascendido a teniente, ahora no sólo va a ajustar la mira de las carabinas, sino que va a ser fusilado por embaucador!
Teniente: ¡Pero señor, he atravesado demasiadas eras para llegar a Teniente Primero! ¡La edad de piedra!, ¡La de unos dioses paganos y sanguinarios!, ¡Arriba de un barco con un capitán que tenía un corte de pelo tazita super maricón! ¡Y al fin llegué hasta aquí!
General Oppresseur: ¡Soldados! ¡Apunten!...
Teniente: ¿Puedo aunque sea fumarme una pipa que diseñé cuando estuve solo en un cerro? Como último deseo...
General Oppresseur: ¡No! ¡Fuego!
Siempre que optamos por ejecutar el movimiento de dar el paso adelante, de poner la cabeza para ver si la guillotina está afilada, de probar si la trampa para osos funciona con nuestra pierna; no se nos reconoce el valor de la acción hasta saber si el resultado es negativo o positivo. Ya sea que nos movemos por cuestión del azar, por decisión propia, por obligación, por amor, por estupidez, estamos atados a las condiciones que nos impone la opinión y el reconocimiento social en virtud del resultado de nuestra acción. Por estos motivos, se reclama más reconocimiento para el peón, para su jugada, para su rol; él es tan importante cómo el juego en sí mismo, más allá de que ganemos en el juego o perdamos.

lunes, 29 de marzo de 2010

El Efecto Mariposa. Parte II

Hace un año, aparecieron los primeros efectos del aleteo de la mariposa. Podemos argumentar que los efectos son relativos en función del tiempo, pero eso es también relativo. No intento confundir, pero me gusta confundir relativizando supuestos. El simple acto de un llamado telefónico puede influir, sin que nos demos cuenta, en una cantidad de secuelas impensadas: un conductor que atiende el teléfono, una maniobra brusca por evitar a un transeúnte cruzando en medio de la avenida, un insulto a un conductor que habla por teléfono mientras maneja, un cambio de humor mientras caminamos por la urbe debido a la negligencia de un conductor, una recepcionista que está al borde de los nervios y un cliente que llega insultando desde la calle que no hace otra cosa más que arrebatar la poca paciencia de la recepcionista, para terminar generando una orgía de insultos bajo el lente de una cámara que pronto tendrá sus miles de visitantes en youtube y, de este modo, provocar una leve sonrisa en un cibernauta y así comenzar un nuevo ciclo que tendrá su polo emotivo invertido.
Pero también se puede tornar más excéntrico un aleteo. Por ejemplo: un ciclista que recibe un mensaje de texto descuidando que un perro callejero pone su atención en él cuando ha detenido su marcha, un perro que comienza a ladrar persiguiendo al ciclista, un ciclista que comienza a huir y pierde el celular en una boca de tormenta, un mensaje que nunca se responde, una persona que espera confirmación vía sms de un ciclista, pero se impacienta y llama a éste; en lugar de él, atiende un "maestro" de las cloacas que se autodenomina como "splinter", recibe la llamada de la otra persona impaciente que comienza a los insultos al no saber que sucede con el ciclista, un maestro que cambia su humor súbitamente debido a la mala educación de la persona, unos cuatro muchachos con caparazón que se acaban de levantar y tienen que soportar el duro entrenamiento de un maestro enojado sin motivo aparente, un ciclista que denuncia en la comisaria que una rata de las alcantarillas y cuatro sujetos verdes le devolvieron su celular con un chip que no correspondía, un ciclista que pasa sus horas viendo el paisaje de edificios y 14 minutos diarios de luz solar dentro de un neuropsiquiátrico.
Nunca se sabe exactamente cuantas secuelas podemos causar con una mínima decisión. Cuántas cosas podemos cambiar con un simple movimiento o con unas pocas palabras. No se pueden medir las consecuencias de nuestras decisiones. Pueden anticiparse hasta cierto punto, y hasta donde afectan en determinadas costumbres o hábitos, o cómo pueden afectar a determinadas personas y sus actitudes. En ocasiones, sin embargo, cuando tomamos una gran decisión, pareciera que nada cambia; que el mundo sigue su trayectoria normal sin la más mínima transformación respecto de nuestra elección. De nuevo a nuestro punto inicial de la relatividad: a veces cambiamos las cosas sin darnos cuenta, a veces no cambiamos nada intentándolo, pero siempre termina dependiendo del lugar que ocupamos, de nuestra capacidad de visión y su alcance; y de las oportunidades que aprovechamos, las que dejamos de lado, o las que ni siquiera percibimos.

viernes, 19 de marzo de 2010

El Vengador del Pasafactura

A continuación se establecerán una serie de ítems para la asistencia del vengador del pasafacturas:

· Para los que nos recuerdan a cada rato que les debemos dinero: rentamos un local de suministros santificadores a nombre del pasafactura (buscamos que linde con un hipermegatone o con algún hipermeganegocio de variedad temáticas de gran valor para el goce consumista), hacemos un gran boquete y denunciamos a la víctima. Vuelve lo retro, vuelven los boquetes.

· Para el que nos recuerda a cada rato lo divertido que es pasar el rato con él y qué fiasco sería nuestra vida sin su presencia: lo invitamos a una salida de joda nocturna vistiendo una remera con un emblema antisemita en su espalda de modo que no lo perciba, y lo llevamos a un boliche gay de fisicoculturistas judíos donde la pasaremos bomba. Recordar llevar cámara de foto.

· Para el que no se acuerda del año en que vive, ni de nuestro cumpleaños, ni de su cumpleaños y se tiene que bajar el pantalón para recordar si tiene que ponerla o la tienen que empomar, pero que se acuerda del minúsculo detalle que nos hizo un favor en el año 1997, a las 16 hs un día de lluvia cuando vestíamos una chomba blanca con la insignia de un cocodrilo trucho: compramos una memoria DDR-20 a.C (memorias cibernéticas rústicas en forma de piedra, invirtiendo la evolución tecnológica, vendrían a ser como memorias pero sin la parte tecnológica quedando en su lugar, un pedazo de roca). Luego, citando frase contemporánea a tal período -"el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra"-, lanzamos objeto contundente cual cascote en catapulta de guerra medieval, argumentando más tarde que no comprendimos la frase citada.

· Para el que nos recuerda a cada instante lo miserable que es el mundo y nos pone trabas de lo más sofisticadas e imprevistas para poder progresar: si sólo pudiera hacer tangible a Dios...

El Gran Teorema Reflexivo

"La dialéctica no se da mediante un contrato social preestablecido, sino que se va acomodando según las necesidades de las partes. ¿Qué sucede cuando una de las partes no tiene voz propia? En algún momento esa voz toma determinado tipo de forma, ya sea mediante algunos atributos físicos de índole catártico, o a través de un episodio interno de caos esquizofrénico. ¿Y qué más lamentable que la inexistencia siquiera del acuerdo de antemano; o más bien, el acuerdo se ha corrompido debido a las circunstancias del pacto con la modernidad? Cuando una de las partes ha generado su propia amnesia original para sudar un frío industrial capaz de organizar la mejor de las peores consecuencias; ahí es cuando la relación se torna intolerable, una de las partes ha sucumbido ante la inestabilidad de la dialéctica y puede producir las acciones más siniestras para la sensibilidad humana. Por eso, en 150 años de aceleración de teoremas corrosivos, finalmente podemos darnos el lujo de ver la venganza en vivo y en directo, el momento de caos interno y el brote psicótico de nuestro único hospedaje en la vida."

Parafraseando bigotis: "Si el tiempo es lineal, ¿como fuimos capaces de desviarnos por la tangente?"


martes, 16 de marzo de 2010

Maniobras persuasivas

Vivimos en un gran juego de batallas. Y ya nos hemos distraído tanto en las victorias y las derrotas que perdimos de vista el juego en sí mismo. Y no estoy hablando de triunfos como: ganar un premio, reventar un casino, dar una vuelta olímpica, dar una triple mortal sin romperse la cervical, hallar un tesoro, hallar un cadáver de velociraptor en pleno coito con un hervíboro sadomasoquista, componer una canción relativamente mediocre o encontrar la media naranja (el mito de la modernidad en el cual somos compatibles con otra persona relegando nuestras verdaderos fetiches y tabúes para asimilarlos en una relación pseudo-matrimonial con resquicios de autocensura). Lo mismo va para la derrota; no hay que apuntar a los grandes fracasos que nos decoran la vida de lágrimas. Las lágrimas ya son una deshidratación, por ende una pérdida de líquidos. Otra batalla perdida. La locura está en los detalles, y es allí dónde verdaderamente perdemos la coherencia y la lógica de nuestros enunciados. El talento para complicar nuestra existencia es propia del raciocinio moderno, hay tantos detalles para abrumar nuestra cordura, que le damos la suficiente importancia como para que verdaderamente conviertan una calesita de ideas en un Chernobyl de diversiones autodestructivas. Pero no basta sólo eso, tenemos que ser tan incoloros de presencia temporal que también debemos contagiar esto en el resto de la humanidad. ¿Cómo se realiza esto? Fácilmente: mentiras, supuestos, engaños, suposiciones y amagues (todo aquello que también es condimento en la dialéctica del fútbol).
Voy a pasar a definir tres de estas tácticas:

·Mentira: su uso es frecuente en la sociedad. Se utiliza tanto en el ámbito doméstico, como en el laboral o social. Existe en su plenitud salvadora, casi sin consecuencias, como por ejemplo: "¡Pero si te queda bien!", "Está riquisimo, pero no tengo hambre", "Ya estaba así cuando llegué ", "Noo, justo este finde no puedo.. se casa mi.. consuegra". Convenciones sociales aceptadas para evitar herir a la gente. Oscila entre el filo de la verdad y la mentira, pero lo suficiente como para hacernos dudar. Surgen de la improvisación, ya que no requiere un tiempo de estrategia y demanda una respuesta inmediata. Por otro lado, tenemos la mentira planeada, aquella que sabemos o intuimos las consecuencias. Existen la mentira planeada en escasos segundos (esta es aquella en la cual nos tomamos un momento para plantearnos internamente la mejor respuesta, habitualmente desplegada con un "¿que? no te escuché" estratégico que nos otorga unos formidables segundos para no meter la pata. Y existe la mentira planeada con tiempo, aquella que involucra otros personajes, a veces incluye cómplices y es un engranaje complejo de mentiras por doquier que conforma una red impactante de detalles innecesarios en la búsqueda de la verdad desorientada de ser verdad por el hecho de permanecer fundamentada en cada rincón.

Supuestos: son los enemigos del presente. Conforman un efecto dominó que altera y provoca caos tanto en nuestro interior, como en nuestro alrededor. Un mal comienzo de un supuesto, puede terminar desde una pelea callejera por un entredicho mal interpretado, hasta una conspiración gubernamental por una influencia estadística basada en un supuesto inconmensurable, derivando en guerra civil, nacionalismo ascendente, revolución o manifestación hermafrodita en pro del aborto.

Amague:  no requiere ningún tipo de esfuerzo del provocador. En la mentira, uno establece una mínima labor para que las cosas funcionen bien, o del modo en que venían funcionando, es decir: muestra preocupación. Esta táctica es la indiferencia, la evasión; si alguien aplica esta técnica contra uno, es porque no entra en el conjunto de sus pares de preocupación, no establece la suficiente confianza o está entreverado entre la mentira y una verdad peligrosa. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Dulce mentira o Cruel verdad? Creo que ante cada pregunta que requiera una respuesta aplicada, deberíamos tener esta opción: todos queremos la cruda verdad pero nunca queremos escucharla. Todos pedimos por la verdad, pero no estamos preparados para aceptarla. Entonces la mejor respuesta es: queremos la cruda verdad disfrazada de dulce mentira; de este modo el mundo sigue siendo nuestra propia verdad y no la imperante madrugada de una verdad inesperada. Es hora de dejar el rivotril y amagarle a la técnica del amague.

miércoles, 6 de enero de 2010

La Bisagra Moderna

Por alguna extraña razón atribuible a un Dios todopoderoso o alguna razón científica atribuible a una organización de laboratorios todopoderosos, quedamos reducidos a una suerte de recuerdos residuales, pequeñas o grandes fracturas y baches de memoria gracias al fenómeno tecnológico que invade los sentidos como una especie de acupuntura danzante en una orgía de cables de fibra óptica. Para equilibrar esto, se proponen ciertas soluciones de medicina tanto de derecha como de izquierda (si se puede encasillar de alguna manera en general a los grandes laboratorios y por otro lado, a su alternativa homeopática). Este pseudo Dios maquiavélico con adsl, me va empujando todos los recuerdos tangibles y sustituyéndolos por frases de Homero Simpson y chácharas incongruentes entre un diputado de la nación enfrentado con una señora que grita porque sabe que las drogas son malas pero todavía no sabe bien por qué. De pronto me encuentro en una pequeña cajita oriunda de un mundo alienado del tacto, buscando a quién acertarle un golpe en la quijada sin quedar preso porque el soporte técnico de la tv por cable está fuera de la zona de reparación y demoraría unos lustros y dos horas en llegar. Me gustaría saber por qué el tiempo es mi enemigo cuando tengo tiempo para sonreír, y por qué tengo tiempo para quejarme cuando podría estar sonriendo. Mi primer respuesta, es la hipótesis esencial de este párrafo: dentro de diez minutos me voy a olvidar de esto. Por suerte, hay gente del otro lado del teléfono denominada como "soporte técnico", que no tiene nada que ver con nuestro paradigma denigrante de la vida, pero que hace las veces de bolsa de arena. "Señor, no me anda la interné/tv satelital/gas/luz/cámara de fotos/acción/receta de calabaza al escabeche/servicio telefónico, voy a mandarles carta documento/cambiar de compañía/llamar a defensa del consumidor/inmolarme en la terraza de su sucursal con un parapente cargado de nitroglicerina, excepto que ustedes se dignen a prestarme un mejor servicio/compensarlo con dos meses de servicio gratis/darme todo su dinero/concederme servicio gratuito de por vida/presentarme a la operadora de voz sensual/conseguirme trabajo o alguna changa/conseguirme un contrabajo o alguna tanga/devolverme el parapente con la nitroglicerina que no se activó por fallas en la ignición. Gracias"

miércoles, 13 de mayo de 2009

Violencia viene en envase retornable

¿Se justifica el arrebato violento ante un imprevisto circunstancialmente molesto? Supongamos que se puede tratar de una secuencia de hechos acumulativos que desbordan nuestro taper encefálico; ¿como reaccionar ante la impotencia y la indecisión de una masa que no se apropia de un líder o una identidad inmediata? La ausencia de un cacique puede aletargar nuestra ira que se va abriendo como una flor que repara su necesidad con la fotosíntesis. El problema es el siguiente: nosotros no hacemos fotosíntesis, y menos de noche y lejos de montañas o playas que puedan susurrarnos al oído "me chupa todo un hueeeevo". No, esta vez revoleamos el tambor hacia un presidente con anteojos, le quitamos el paragüas a la señora para taladrar el semáforo que dejó de titilar dejándonos en medio de la avenida haciendo sandwich entre dos colectivos; le descontrolamos la góndola al acomodador del supermercado para provocar una persecución digna de una comedia de bajo presupuesto en donde hacemos caer al empleado arrojándole latas de arvejas a los pies. Hacemos sonar la trompeta de la tempestad, para adentrarnos en las sinuosas llamas de nuestro interior vomitivo de ira. No hay que ser condescendiente, si logramos camuflarnos entre la euforia masiva y anónima, mejor para nuestro curriculum. Si somos individualistas, mejor para nuestro prontuario.

lunes, 11 de mayo de 2009

Arribando la espera


Habría que considerar algunos puntos acerca de la puntualidad masculina, sólo para que se comprenda un poco más el lenguaje intermitente al cuál nos referimos. Cuando se suele decir "te paso a buscar a las ocho", significa que usualmente el horario en el que eso sucede, es a las ocho. Por más que llames catorce veces al sujeto o mandes sms lo único que se consigue es atrasar la llegada o fastidiar la llegada. Siempre relativizando la personalidad de cada uno, el "te paso a buscar a eso de las ocho" cambia rotundamente. Cuando agregamos el "a eso", denotamos una improbabilidad latente de un arribo impuntual. O quizás lo sea de mera casualidad, pero la información es esa. Es probable que la acción se ejecute en términos cercanos a la hora señalada, pero esto difiere con "no sé, alrededor de las ocho calcula más o menos". Esto significa prácticamente que el sujeto "esperante" debe anticiparse a que el sujeto "buscador" pueda llegar dos horas antes de lo provisto porque no tenía absolutamente más nada que hacer que romper las pelotas y decidió pasarnos a buscar mientras nos bañábamos, dormíamos una siesta, jugábamos a tirarle piedras al techo de los colectivos desde nuestro balcón, etc. Quizás suceda exactamente lo mismo pero con el retraso. Inventando pasatiempos para esperar la llegada probablemente terminemos en prisión por estrellar una piedra en la ventana del colectivo. De cualquier modo, hay algo seguro que deducimos a través de este blog: siempre podemos terminar presos, sobretodo si no nos funciona el limitador interno que nos censura de accionar mediante pelotudeces.


lunes, 23 de febrero de 2009

La Gran Sanata

Por milenios el ser humano se ha rebajado hasta límites inconcebibles solamente con el objetivo de escatimar en medios para alcanzar su meta. Esta vez, incorporaremos a nuestra conducta diaria una serie de pautas y recomendaciones a tener en cuenta para esquivarle al bloqueo cotidiano del hecho más agobiante en la carrera a nuestro porvenir: formar fila (convengamos que de ahora en adelante denominaremos a esta situación únicamente de este modo, debido a que el "hacer cola" tiende sutilmente hacia una desviación erótica que nos podría dejar mal parados en una conversación amena, sobretodo si obsequiamos nuestra cara de "uh, eso no fue lo que quise decir", que nos deja peor parados que a un pedófilo en un jardin de infantes). Una vez hecha la aclaración, proseguimos con los consejos suprimiendo relevancia en el contexto para concentrarnos simplemente en la fila y en el método que emplearemos para hacer desaparecer a sus integrantes.
- Es ideal llevar siempre un plan determinado y no improvisar en estas circunstancias: podríamos imaginarnos que la fila es como un dominó. Entonces tendríamos que solidificarnos y caernos hacia adelante, atropellando la nuca de la persona y observando desde el piso como las fichas van colisionándo entre sí hasta caer la útlima: esa es nuestra oportunidad. Pero como todo riesgo de cálculo (y esto lo sabe cualquier sujeto que haya intentado establecer un efecto dominó en alguna circunstancia) hay peligro de que en su trayecto, dos fichas no se toquen por la distancia que llevan, porque una cae hacia su lateral o por otro factor ajeno. En tal caso, podríamos levantarnos e ir desaforadamente a producir un delicado empellón para continuar con las caídas. Pero en este caso estaríamos infringiendo las leyes del dominó y se transformaría en una riña callejera, provocada por la discontinuidad de lo casual hacia la violencia constructiva; o destructiva en su defecto.
- Otra gran estrategia es la del vendedor ambulante: llenamos un pulverizador con cloroformo, lo envolvemos con una etiqueta profesionalmente diseñada en paint emulando algún perfume internacional y con nuestra mejor cara de vendedor y la peor de desquiciado, vamos rociando a las personas ofreciéndoles el aroma de una nueva y exquisita fragancia. No hay que dejar decidir a la gente si desea probarse el perfume, aparecemos por sorpresa y les regamos la cara con una sublime ráfaga de nuestro pulverizador. El lema publicitario es "Para el sueño del caballero y la pesadilla de la dama, o viceversa, llega la nueva fragancia que los hará sentirse como si estuvieran durmiendo en las nubes", esto aproximadamente debería alcanzar para quince personas. Tenemos que cerciorárnos de que nuestro rociador funcione bien y no se trabe, porque si lo hace en medio del trayecto y la gente comienza a desmayarse antes, entonces tendremos problemas con la riña callejera nuevamente. La opción del vendedor ambulante también puede emplearse con una granada rellena de cloroformo, claro que para ello tendríamos que saber de armado de bombas caseras y quizás un poco de ingeniera atómica y molecular, pero esto es opcional. Mientras podemos bajarnos de Internet el ebook "Como armar una granada casera y no morir en el intento" de Fabiolo Inmola (recomiendo el Volumen II debido a que el primero deja con ceguera en algunas ocasiones).
- El plan ideal es el que llamo "La Gran Sanata". Se trata de utilizar todo nuestro potencial actoral para fingir un acontecimiento épico y transmitir emociones que confundan a las personas para, de este modo, generar discusión entre ellas y una distracción que nos permitirá inmiscuirnos en el primer lugar de la fila. Podríamos ir gritando incoherentemente diversas cuestiones acerca del apocalipsis, claro que para ello tendríamos que estar haciendo la col.. formando fila en algún templo evangelista o algo similar. Lo importante en este caso simplemente sería lograr desviar la atención de nosotros hacia otro sector, como anticipando la caída de un meteorito y señalando su lugar de caída, aunque deberíamos procurar no acercarnos mucho al lugar que señalemos debido a la justicia divina que probablemente nos arrojará un meteorito justo en el lugar indicado únicamente para trastocar nuestra sanata. Otro método de sanata es la del grito despavorido al mejor estilo histériquisimo meno/andropáusico con síntomas de esquizofrenia: "¡Hay un francotirador en la terraza!", sin olvidarnos de estallar antes un petardo y tropezarnos como si hubiese pasado muy cerca nuestro. La gente ha visto demasiadas películas y sabe que se puede llegar a tal nivel de locura como para que esto sea cierto. Cuando todos estén tirados en el piso abrigándose entre las baldosas para proteger su vida, aprovechamos para acercarnos hacia el principio de la fila y realizamos nuestro objetivo; ya sea algún trámite burocráctico en alguna municipalidad o para comprar un televisor de 29" en oferta que viene con un dvd barato de regalo cuya bandeja dejará de funcionar al mes de su compra. Cuando regresemos para devolver el dvd con la garantía, deberemos emplear otra estrategia para no perder credibilidad.

martes, 3 de febrero de 2009

El Efecto Mariposa I

¿Qué tan eficaces pueden ser los pequeños detalles como para devastarnos un dia festivo o alegrarnos un atardecer mediocre? Podríamos decir que olvidarse la ropa tendida un dia soleado es un detalle de nivel medio, carece de envergadura. Pero si el cielo se torna apocalíptico a media tarde, acompañado por un diluvio de balones de rugby y unas leves ráfagas de viento de unos 145 km/h, el detalle de la ropa se torna un poquito más relevante; sobretodo si es viernes por la noche y no queda otra alternativa de ropa interior para salir que la que está destilando un porcentaje de humedad suficiente como para cubrir un tercio del riachuelo. La estufa es una buena solución para secarla, pero estando en pleno verano lo único que lograríamos seria sofocarnos y alejarnos del calor que irradia para más tarde volver cuando se estarían calcinando las prendas de vestir y deberíamos apagar el incendio con el teléfono y llamar a los bomberos con el matafuego vencido desde hace tres lustros. Esto resultaría inevitablemente en una no-salida de viernes, no-salida de sábado quizás; y probablemente una no-salida durante un par de semanas debido a las quemaduras que nos han regalado algunas llamas avivadas por el tornado que descendió en nuestra cuadra justo cuando el fuego parecía consumirse. Deberíamos tener un sentido común más desarrollado para los detalles, como por ejemplo: no deberíamos destruir medio metro de nuestra pared porque resulta que la ventana no se abre lo suficiente como para canalizar nuestro voyeurismo en la ducha del edificio vecino. Este es un detalle irrelevante, sobretodo si no somos albañiles y no podemos arreglar nuestro hoyo en la pared cuando llueve o cuando hay fuego que es avivado por el viento que entra por el descomunal agujero. Hay que saber prestarle atención a los detalles que valen la pena, y no obsesionarse por los que no. Maldita pared que no se autoarregla.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Una batalla ganada

Para no ocasionar exabruptos innecesarios acerca de la tecnología y su imperiosa costumbre de obstaculizar los sueños cotidianos mutándolos en pesadillas laborales gracias a su pasión por los errores de software, hardware, webware, foodware y todas las palabras en inglés que terminen con "war", he aquí el fruto de una deliciosa combinación entre un humano y el aparato estático desencantador al estilo romántico.



Gracias a La Maga por su participación. A la derecha encontrarán el link correspondiente para visitarla y pronósticarle el futuro o, en su defecto, degustar su participación mediante adjetivos sospechosos de doble sentido. Sí, como ese que se te pasó recién por la cabeza al ver su boca. Otra cosa: se prohíbe la reproducción de este video para alguna edición posterior que se utilize con fines eróticos o triple xxx.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Viajemos como somos II

La clásica rutina del viaje en colectivo. ¿Quien no la realizó alguna vez? ¿Quién no la padece diariamente? La larga espera para elevarse hacia la plataforma rectangular con la masa humana aglomerada, agobiada y exaltada por un regreso próspero a casa sin sobresaltos (aclaremos que sin sobresaltos emocionales, porque los físicos ocurren naturalmente gracias a la pericia del chofer para elevarse en el aire unos cuarenta centímetros del nivel del asfalto por causa de una loma de burro; por algo es aconsejable no ir distraído bebiendo alguna gaseosa en este transporte, podríamos usarlo de enjuage en la cabeza de la señora que nos mira con cara de muchos amigos que no nos soportan, no me gusta el cliché de "pocos amigos"). ¿Qué hacer cuando hemos quedado varados en la mitad del rectángulo andante con una puerta trasera a la misma distancia que la delantera, con una generosa orgía de manos y piernas atravesada entre nuestros puntos de escape? Considerándo que no hemos advertido anticiparnos a la parada para ir movilizándonos unos minutos antes, deberíamos proceder con cautela y métodos escurridizos para reptarnos entre los cuerpos ajenos. Pero esto es relativamente peligroso, debido a que seguramente llevamos algunas pertenencias que se van chocando con otras pertenencias de los pasajeros, como por ejemplo: mochilas que chocan contra carteras, maquetas que chocan contra bolsos, cajas de carton vacías que chocan contra unas llenas, bolsas de basura que chocan con bolsas para cadáveres, carteras con excesivo maquillaje que chocan contra mochila con excesivos libros, maletas con mercancías ilegales que chocan contra mochilas estudiantiles portadoras de marihuana local, trabajos finales de arquitectura de dos metros por tres que chocan contra entregas de diseño gráfico con cartulinas de catorce cuadras por dos veredas, y etcéteras que chocan contra otras etcéteras. Sin eludir las consecuencias de un viaje solitario en el colectivo, horas nocturnas que ven pasar luces del semáforo como una fotografía con la velocidad baja del obturador, las ocasiones de sobrevivir al samba-transporte se tornan complicadas cuando intentamos llegar a la puerta de salida esquivando los fierros que atropellan verticalmente nuestro tórax y nos dejan un lindo tatuaje colorado en la frente.
¿Que sería de nuestro acople mental si el día de mañana repentinamente nos tocara el rol de jugar a ser colectivero? ¿Tambíen prejuzgaríamos a los pasajeros con un porcentaje estimativo acerca de sus habilidades para subirse y estabilizarse dentro del colectivo? Vemos un sujeto esperando en la parada y realizamos una descripción rápida: porta mochila de un hombro, lleva jogging, zapatillas y una campera de jean ¿Diremos "ahh, éste es joven y atleta... que se suba andando"? Exacto. Mientras nuestro pensamiento errático nos hace dar cuenta que el individuo no era un atleta, sino un estudiante sedentario que se estrelló contra la máquina expendedora de boletos por su poca resistencia en los gemelos para estabilizarse desde velocidad cero hacia los 15 km/h a los que venía el colectivo que nunca frenó. Y además, vemos que es un estudiante porque algunos de sus apuntes volaron hacia nuestro sector de conducción. ¿Seríamos capaces de ver como la gente se divierte tambaleándose a gran velocidad como un gran samba mientras realizamos varios slalom con motociclistas, baches y vehículos particulares? Además de generar el enjambre de insultos que resuena como un hinchada desde todos los espacios imaginables de la calle. ¿Disfrutaríamos ser colectiveros? ¿Realmente nos divertiríamos? Yo creo que sí. Al menos por los veinte minutos que lo manejemos hasta que hayamos estrellado el transporte contra un árbol mal estacionado en la vereda. Sin dejar de omitir, obviamente, las 144 infracciones de tránsito con un promedio digno de récord guiness, los 14 accidentes viales por negligencia e impericia, haber bajado del transporte para insultar al chofer de tren que se quedó justo en el paso a nivel para dejar pasar a otra formación (mientras entre insulto e insulto, y sin conocer apropiadamente los enlaces, llegan al debate acerca de un partido de fútbol que jugaron Argentinos Juniors y Ferro en el Metropolitano de 1985, aumentando la euforia de los apasionados gritos que emergen de la garganta de los automovilistas que esperan que el tren y el colectivo decidan moverse, desaparecer o ser engullidos por algún agujero negro para así poder pasar), y la más grave, cortar transversalmente la avenida para bajarse a comprar un guaymallén de dulce de leche y una cepita multifruta porque hace mucho calor arriba del colectivo y eso abre el apetito. Por estas causas pienso que no se venden colectivos para particulares. El seguro saldría muy caro.
Así que conformémonos con arrojarnos con mucha vehemencia pero gran desatino hacia la puerta del colectivo andando. Insultemos al viento que nos arroja cuando pasa a gran velocidad sin frenar y nos mira con esos ojos de "JA", una risa seria pero burlona, casi como un "lero lero, mira como no freno". Y cuando venimos agotados y queremos sentarnos pero la capacidad máxima de pasajeros ha sido superada ampliamente, no agotemos nuestra capacidad intelectual e indecorosa para avergonzarnos: llevamos un sobretodo, nos ponemos cerca de un grupo de mujeres, nos vestimos con nuestra mejor cara de perversidad innata, desabrochamos los botones y nos mostramos como la naturaleza nos arrojó a la intemperie, al grito de "¡Para el bolsillo del caballero y la mano de la dama, aqui les traigo".. Si hasta esta altura no recibimos una bofetada por parte de alguien, o alguna patada directo a nuestros descubiertos testículos, es porque seguramente la gente se estremeció y se sorprendió ante el escandaloso exhibicionismo que hemos generado. Seguramente la señorita más puritana ha huido despavoridamente y ha abandonado su asiento amablemente para cedersélo a nuestro trasero desabrigado. Esta vez no seremos victimarios de la ultraviolencia material, sino que exhibiremos nuestras partes íntimas que, calculando el crecimiento de la tecnología y del voyeurismo, estaremos colgados en la web en menos de lo que dura el parpadeo de un sujeto narcotizado.

miércoles, 16 de julio de 2008

Las Recetas del Chef Orro

La columna de hoy está en manos del líder en gastronomía improvisada Gustav Duv Orro. De origen Ucraniano (Norte de Gerli) este individuo posee una filosofía culinaria excéntrica pero totalmente adaptable a las condiciones de nuestra existencia alimenticia. A continuación, los formalismos para el plato del día:
- ¿Cuántas veces nos despertamos anhelando un titánico desayuno que debe ser reemplazado por las monótonas galletas de agua, un té frio o un pedazo de pan que unicamente se diferencia de una roca porque tiene miga? Vamos a brindar una solución parcialmente definitiva, pero infinitamente reprobable, para que no comenzemos el día con un descenlace escaso en nuestro estomago. Primero nos levantamos de la cama. Ponemos a calentar un poco de agua en la pava. Vamos al baño a mojarnos la cara. Tomamos un sorbo de agua de la canilla. Volvemos a la cocina. Nos hechamos el agua de la pava en la cara para despejarnos del sueño. Todavía nuestro sistema nervioso esta deambulando en algún sueño erótico, asi que no deberíamos sentir dolor (dependiendo del tipo de sueño de cada uno... eso si). Nos asomamos a la ventana y tomamos un poco de aire (además refrescamos nuestras heridas por las quemaduras). Un poco más despiertos y con condiciones de decir cuatro sílabas seguidas sin emitir un balbuceo sin sentido que delate nuestra condición de zombie, llamamos a nuestro vecino por teléfono para anunciarle sutilmente que "le diga a su hija de 16 años que tenga un poco de cuidado cuando vuelve un domingo a la madrugada de bailar, hay muchos patrulleros sueltos y con ganas de llevarse a chicos que están teniendo sexo en la vía pública. Sobretodo cuando es con el hijo de 21 años del vecino de enfrente, que es medio depravadito.." Una vez emitidas dichas palabras (o similares, pueden cambiar los sujetos, las situaciones, pero nunca nos olvidemos de la humillación pública) aguardamos unos treinta segundos y asomamos nuestro cuerpo hacia la calle. Mientras observamos la erupción de insultos, el revoleo de falanges y antebrazos, las miradas atónitas, sorprendidas y las eufóricas; aprovechamos para atravesar delicadamente alguna de las puertas de sus casas. Quizás hasta nos topemos con alguna torta de ricota, algunas facturas. Y con un poco de suerte, saldrá a la calle por el alboroto la señora que empieza a cocinar a las seis de la mañana para almorzar a las diez, y podamos arrebatar en forma de préstamo indefinido algun bocadillo de su cocina. Luego, simplemente nos mudamos de barrio.