jueves, 21 de febrero de 2008

Viajemos como somos

Se aproxima otro día agitado. Ya es viernes y tenés que viajar junto a la masa humana que te acompaña todos los días en el tren. Todavía falta toda la jornada laboral, pero recién empieza el viernes y ya tenés que lidiar con el enjambre de humanos que se amontonan en el vagón como si fuera un refugio nuclear. Le agradecés también al clima que te ayuda con sus típicos 27° y su clásico 101% de humedad para que puedas ahogarte en el mejor momento del viaje.
Arrancás mal con el de la boletería que te hizo perder el tren porque no tenía monedas para cambiarte (si, es culpa de él... no te afligas y dirigas la culpa hacia tu ser, no tiene nada que ver que te hayas quedado dormido unos... veinte minutos demás...). Mientras tanto, recibís el boleto para el tren y, junto con él, un panfleto informativo con las indicaciones para ingresar al transporte. Algunas de ellas: tenés que tener mínimamente un curso de acrobacia y de contorsionismo para poder ingresar al vagón. También tenés que haber participado en algún campeonato oficial al tetris (por competencia sí o sí, para medir la perseverancia de tus ganas de no perder lastimosamente, aunque en este caso... son las ganas de ir a trabajar, asi que mucha validez no tiene). Seguramente de haber algún acomodador de gente en los trenes (como los hay en los cines, teatros, partidos de futbol, torneos de ajedrez y cricket) debería ser un sujeto con varios títulos y trofeos en campeonatos de tetris. Encajar a tanta gente con la capacidad ampliamente superada por vagón, es un verdadero desafío.
Ignorando las leyes de la física, sublevándote a los poderes persuasivos de las miradas apretadas que te dicen "no flaco, no entrás", superando los obstáculos imprevistos de la urbe traicionera y los metales opacos que van asimilando la forma humana, recordando la época en la cual jugabas al rugby y te posicionabas para el scrum (corregimos esta parte: te posicionabas en el sillón, mientras jugabas con el remoto y el contraste de la tele viendo el mundial de rugby); lográs atravesar la muralla transpirada y agitada de sujetos que se acumularon en una masa amorfa e irracional. Ahora sos una pieza de tetris más, como aquel sujeto que está colgado de la puerta. O como aquel otro que está aprovechando para apoyarse a una mina. O como aquel otro que está aprovechando para apoyarse a un flaco. O como aquel que se compró una porción de pizza antes de subir al tren y ahora la tiene que deglutir velozmente urgido por el derrame de queso en el saco de un hombre que justo no le gusta la pizza en el saco.
¿Cómo administramos nuestra energía de manera adecuada? ¿Cómo sobrevivir el viernes? Si toda la fuerza la empleamos en tratar de no caernos del tren, considerando además que las energias con las que llegás al viernes apenas sobrepasan a las de un rata de laboratorio desmotivada y con tres dosis de sedantes para caballos,¿Qué nos resta?. Sólo queda disfrutar del paisaje: las bellas estructuras edilicias que se desfilan en el camino con sus paredes quebradas, los solemnes y relajantes sonidos de los bocinazos de automóviles, colectivos, camiones, patinetas, monopatines y otros vehiculos que esperan ansiosamente que levante la barrera para poder cruzar el paso a nivel insultando a la barrera y a otros vehiculos. La dulce antipatía de los pasajeros que derraman gotas de amor y sudor, mientras jadean y vuelven a la crónica poesía de puteadas con aroma de merluza para todos los servicios públicos.
¿Qué? Acaso pretendías que te aconsejara desquitarte con el tren o con sus pasajeros? No, no tenés espacio para hacerlo. Gracias a que apenas podés respirar y tratar de leer el diario del tipo que justo tiene el suplemento de economía. Tocále una nalga al flaco que está al lado tuyo y decile que fue el sujeto que está leyendo el suplemento de economía. Excelente. Ahora, mientras se cagan a trompadas entre ellos, vos aprovechás para arrebatarle el diario, leerte el suplemento de deportes (solamente para ver las fotos), y mientras te comés un poco de muzzarella que le despegaste al hombre del saco.

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